Invaginar

Originalmente pensé esto buscando “cumplir la consigna” o al menos, plegarme al tema “subjetifvidad”.

Creí que había conseguido una buena aproximación, y en la semana siguiente apareció en mi mente el tema de la definición de límites entre lo que es y lo que no es yo. Ahora pienso que me aproximé más a ese tema, o que me acerqué a la consideración de la “subjetividad”, desde una perspectiva absolutamente sesgada por esta problemática… en fin…

 Rogelio

Mmm… parece una esfera….

O sea, no consigo verla desde todos lados al mismo tiempo, pero desde cada ángulo que la observo, quieta o en mis manos, parece redonda. Completamente redonda, o casi.

No: completamente.

O casi?.

Me encantaría poder verla desde todos lados al mismo tiempo. Tal vez con las manos.

Cierro los ojos y la muevo entre mis manos, la rodeo lo más completamente que puedo, pero la separación de mis dedos, y su misma forma irregular, me hace dudar de la precisión con que la capto.

Pero si, parece una esfera.

La textura es suave y resbala un poco entre mis dedos, no estoy seguro de la dureza final que pueda tener, por las dudas, no la apreto demasiado. Aunque apreto un poco más y no parece sufrir deformación.

O por ahí sí. ¿Son mis propios dedos los que se deforman, un poquito?

¿Es el calor de mi mano rebotando, esta temperatura que siento?

No estoy seguro tampoco de su tamaño: no es mucho más grande que mi mano, cuando la agarro.

Pero si la dejo y me alejo un poco se vuelve tanto mas pequeña…

En cambio si me acerco… si… ahora es más grande, más grande que todo lo que está atrás.

Ahora me tapa casi todo, por ejemplo.

¿Significa esto que es grande?

El color es indefinido: una especie de blanco cremita grisáceo por momentos… depende de la luz. Cuando le hago sombra cambian los matices, claro.

Podría decir que es blanco, pero necesitaría algo bien blanco para contrastar.

Tampoco pareciera tener un olor perceptible.

Definitivamente, es opaco. Cuando la sacudo, no parece hacer ruido.

No consigo ver si tiene algo dentro, ni qué.

Si es hueca, si está llena de agua con peces o de mijo.

Si es todo un cuerpo sólido de un mismo material. Vuelvo a apretar, a ver si hay diferencia de consistencia, pero este objeto se sigue revelando impenetrable a mis sentidos: aún no sé si la pequeña cesión que siento no es de mi propios dedos.

Al menos, sé que no es pesado.

Aunque eso depende de la cantidad de tiempo que lo sostenga.

No consigo saber nada de esta ¿esfera?.

Creo que el asunto está en la perspectiva: estoy intentando conocer un objeto externo que se muestra refractario a mis herramientas de percepción.

Siempre el mismo problema.

Y siempre la misma solución: debo reconocer que lo externo a mi es, por externo, ajeno e incomprensible.

Siempre habrá un lugar donde el fotón rebote y el ojo se detenga.

Un umbral de audición, un límite a mi fuerza.

Una otredad irreconciliable.

Un destino propio del objeto y sólo suyo, que no comparto.

Es siempre el mismo problema: lo que está afuera, lo que no es parte de uno, es irreconocible.

A fin de cuentas, las herramientas perceptivas son tanto más intensamente efectivas cuanto más cerca esté el objeto de conocimiento: tal vez no pueda ver lo que está demasiado lejos, lo que es demasiado chiquito, por debajo del infrarrojo por en cima del ultravioleta, pero sí puedo saber si yo mismo estoy frío, o cómodo, cuál es mi posición, mi tamaño… ¿quién sabe mejor que yo lo que pasa dentro mío?.

Por tanto, la solución sería que esté dentro.

Que sea parte.

Afortunadamente, mi mandíbula no es del todo fija, así que es cuestión de empujar un poco primero para abajo hasta que cede, estirando las mejillas lo necesario. El músculo macetero se resiste, tirando del cuero cabelludo de las sienes.

Las orejas vibran un poco cuando por fin calza en su límite, con un chasquido. Me pregunto si desde afuera se habrá escuchado tan fuerte como lo escuché yo.

Cuidado con los dientes… eso… aplanando la lengua, un movimiento de palanca, y recupero un poco de espacio en el ángulo, y ya está pasando hacia la glotis… sigue sin tener olor…

Una leve arcada al tocar la laringe, no mucho peor que al tomar una aspirina.

Curioso, porque hubiera jurado que era más grande que una aspirina…

Un segundito de asfixia cuando el paso por la tráquea, hasta que supera la epiglotis. Afortunadamente ya no me asustan esas cosas, sé que son pasajeras.

Otro momento más y, lentamente, ubicado ya de manera irreversible en el canal que va hacia el esófago, comienza a descender.

Al pasar cerca de las cuerdas vocales, las presiona un poco (así que sí debe ser más grande que una aspirina, nomás), e intento hablar sólo para moverlas y frotarlas contra su presión.

A ver qué sensación me produce, tratando de recaudar un poco más de información.

La voz me sale muy extraña, como bajo del agua, y me recuerdo que esto también es pasajero, pero me asalta una duda: ahora que el objeto es parte mía ¿habré cambiado?.

Siempre fuí yo, pero ahora soy yo más este objeto, que parece una esfera.

¿Mi ansia de saber me habrá hecho dar un paso irrevocable?

Lo que sabía de mi ¿seguirá siendo válido ahora?.

No distingo si esa presión que siento en el pecho es un súbito arrebato de angustia pasajera, o el paso del objeto, empujando mi corazón hacia los pulmones.

Eventualmente, se asienta.

En algún lugar profundo y oscuro de mis entrañas, encuentra un lugar estable y se aquieta.

Es el momento de retomar el proceso de conocimiento.

Lentamente, retiro el ojo de mi atención del mundo y lo vuelvo hacia dentro.

Me concentro en las sensaciones de mis vísceras, busco rastros de calor, de volumen, de sabor de textura… voy discerniendo, apartando las sensaciones conocidas en busca de lo nuevo, sé que está ahí… es cosa de encontrar un hilo y tirar de él… si.. si… ahí está, esa sensación es clara, y es nueva. Puedo empezar por ahí. Mm…

…parece una esfera…

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~ por los4f en abril 5, 2007.

4 comentarios to “Invaginar”

  1. Se creyeron que me lo iba a meter en el culo, eh?!!

    Y, en cumplimiento de discursos pre existentes:

    Puto el que critica!.

    Rogelio

  2. Ah, un hombre precavido. Bueno, a mí me gustó eso de jugar con la fantasía de volver al útero utilizando el recurso del loop. Neurosis de la adultez, pero antes buena literatura.

  3. Sorprendente! No había pensado jamás en lo de volver al útero, pero ahora veo que cuadra perfectamente… tal vez si estuviera flotando la idea, por debajo…
    Que grosso qeu me digan cosas que están en mio texto y ni yo vi!!.
    Gracias, Pablo.
    No sos puto, al final…

  4. Primero te digo lo mismo que le dijiste a Valeria -como ya te atajás en el proemio, no califico como puto-: “tiene sabor a ejercicio”. Lo que, a mi ver, no tiene nada de malo, salvo que se puede rastrear eso, su origen en una consigna. No es de los textos tuyos que más me gustan, pero tampoco es motivo para torturarte.
    Otra cosa: se nota -yo noto, bah- que la dicotomía “adentro-afuera” está marcando casi toda tu producción. El tema de los límites está pegando fuerte ¿no? Aguante la individuación, que hace que estas cosas se vivan visceralmente y no sean sólo pajerismo filosófico-bazófico. ¡Adelante!

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